lunes, 5 de diciembre de 2011

Temor

No suelo tener miedo, no es un sentimiento que recorra mi espina de forma habitual. Pocas cosas consiguen hacerme temblar, pocas, muy pocas y sin embargo cuando caigo se abre un vacío ante mí, un abismo por el que me despeño y pierdo la consciencia. Se forma un nudo en mi garganta y me ahogo, no soy capaz de respirar. Náuseas de puro dolor, desgarro en cada paso, en cada intento por levantarte del suelo. Una descarga recorre mi cuerpo y consigue arquearme, cerrar mis ojos y raptar un grito que se queda enganchado en mis labios al morderlos. Respiro, trato de calmarme, mi pecho se llena y vacía de forma frenética. Me quedo inmóvil, todavía no ha llegado ese momento, me niego a creerlo y consigo engañarme, consigo engañar a mi cuerpo, hacerle creer que tiene la fuerza suficiente para levantarse, para dar un paso más, para seguir sosteniendo mi peso, pero ambos sabemos que eso no durará.

2 comentarios:

Loba dijo...

Por suerte o por desgracia, sí que podrás con el peso de tu propio cuerpo, por muchas veces más. Un saludo Miller ;)

Diario de Arquímedes dijo...

Dame tu mano, levanta.