sábado, 17 de diciembre de 2011

Como dato.

Hay días en los que sueño tu cuerpo, es algo inevitable. Recorro en mi mente cada uno de tus rincones, los memorizo y me aprendo sus trampas. Aspiro tu perfume inventado y me paro sobre tu boca; quiero observarte, conocer cada uno de tus movimientos, grabar en mi mente tus sonidos y rescatarlos cuando no estés conmigo para así tenerte cerca. Misticismos inventados sobre tu cintura, deslizando mis dedos por tu perfil de diosa me deshago sobre tu espalda y beso tu nuca hasta erizarte la piel. Me pierde tu olor y las ganas de estar contigo. 

Bendita divinidad la tuya. 

viernes, 9 de diciembre de 2011

Nadie teme al lobo feroz

Buenos días, cachorro, hacía tiempo que no bajaba por aquí. Creo que he encontrado el sustitutivo perfecto a salarte las heridas. Es algo sorprendente; el monstruo de mi nuca se ha callado, ya no lanza palabras de fuego a mi subconsciente para conseguir que arda mi cuerpo y convertir el calor en rabia con la que despedazar tu carne. Estoy desconcertada; las pesadillas se han escondido de mis sueños y ya no ocupan mis noches. Es curioso que no te haya extrañado, que no necesite desgarrar tu piel para poder dormir, que no me despierte con ansias de escupirte a la cara. He conseguido sustituir tus gritos de sangre por otros y me han abandonado los fantasmas. Ahora sólo me queda esperar, pero duerme tranquilo, bastardo; esta no será tu noche. 

lunes, 5 de diciembre de 2011

Temor

No suelo tener miedo, no es un sentimiento que recorra mi espina de forma habitual. Pocas cosas consiguen hacerme temblar, pocas, muy pocas y sin embargo cuando caigo se abre un vacío ante mí, un abismo por el que me despeño y pierdo la consciencia. Se forma un nudo en mi garganta y me ahogo, no soy capaz de respirar. Náuseas de puro dolor, desgarro en cada paso, en cada intento por levantarte del suelo. Una descarga recorre mi cuerpo y consigue arquearme, cerrar mis ojos y raptar un grito que se queda enganchado en mis labios al morderlos. Respiro, trato de calmarme, mi pecho se llena y vacía de forma frenética. Me quedo inmóvil, todavía no ha llegado ese momento, me niego a creerlo y consigo engañarme, consigo engañar a mi cuerpo, hacerle creer que tiene la fuerza suficiente para levantarse, para dar un paso más, para seguir sosteniendo mi peso, pero ambos sabemos que eso no durará.