jueves, 9 de febrero de 2012

Ellas

Escribo sobre las mujeres que abordan mi vida, aquellas que la transforman, las que consiguen cambiar mi ritmo. Sus perfumes, sus manos y caderas. Me enamoro de sus movimientos, de sus dejes al hablar, de su manera de moverse al bajar una escalera y de morderse el labio cuando están nerviosas.

Sutil femineidad, siento devoción por sus curvas, por la suavidad de su cintura y el calor de su espalda. Me fascina la dulzura de sus rasgos, el tacto de sus labios y el sabor de su piel. No sé negarme a una sonrisa, me pierde la forma en la que cruzan las piernas, las miradas por debajo de las pestañas y las medias sonrisas causadas por una timidez más que adorable. La forma en la que suspiran y cómo se acelera su respiración, la manera en la que sujetan tu cara entre sus manos y acarician tus labios antes de besarte. Cómo se eriza su piel por un escalofrío.


Dulce introducción al caos.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Perfume de idiotas.

Me enerva la gente estúpida, me llena de ira que se dirijan a mí y esperen una respuesta. Me molesta su presencia, son innecesarios y me encantaría ser yo quien se librase de ellos. Por supuesto habrá gente que opine esto de mí, pero como la que escribe soy yo, os diré que esas personas pueden acercarse para que les escupa en la cara. No soporto la indiferencia y deseo vuestra destrucción.

Me creo superior a todos ellos en muchos aspectos, y en base a tal creencia los desprecio y humillo cuando puedo, no quiero ni pienso evitarlo. Odiadme, escupidme, despreciadme, decid que soy la más repulsiva de las personas, que mi nombre apesta a sangre y descomposición. ¿Qué más me da? Por ahora lo único que deseo es destruiros, haceros trizas y conseguir que vuestra absurda existencia termine y me permita caminar sin tener que aspirar de vuestro aroma infecto.

Dejadme en paz.