Nadie teme al lobo feroz

Buenos días, cachorro, hacía tiempo que no bajaba por aquí. Creo que he encontrado el sustitutivo perfecto a salarte las heridas. Es algo sorprendente; el monstruo de mi nuca se ha callado, ya no lanza palabras de fuego a mi subconsciente para conseguir que arda mi cuerpo y convertir el calor en rabia con la que despedazar tu carne. Estoy desconcertada; las pesadillas se han escondido de mis sueños y ya no ocupan mis noches. Es curioso que no te haya extrañado, que no necesite desgarrar tu piel para poder dormir, que no me despierte con ansias de escupirte a la cara. He conseguido sustituir tus gritos de sangre por otros y me han abandonado los fantasmas. Ahora sólo me queda esperar, pero duerme tranquilo, bastardo; esta no será tu noche. 

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