domingo, 20 de marzo de 2011

Anónimos

Eres invisible, no existes, no eres nada, y si me decido a degollarte no manchará tu sangre mis zapatos. Escaldarte la piel, arrancarla. Voy a hacerme un abrigo con tus vísceras, voy a quemarte vivo y no lo sentirás, no tienes identidad, tu mismo la desechaste. Hacer que caigas desde tu pedestal de egolatría al nivel de los mortales. Ahora yo domino tu vida, soy tu creador y aquel al que rindes culto. Soy la soga que cuelga de tu cuello y el taburete que te mantiene con vida. Soy voluble e irascible, solo dependes de mí. No eres nada más que aire.
 Soy la esencia del dolor, soy garrote vil y guillotina aunados. Soy el ángel exterminador que ocupa tu casa y se adueña de ti. Soy la voz de tu esquizofrenia, la sombra de tu persecución. Soy quien decide tu destino y te sala la carne. Soy el grito anónimo de tu silencio, pero al menos SOY, tengo un nombre y un rostro. Cobardes, nada más que cobardes, cuencas vacías de sentido y de orgullo, vana protección virtual. Los cuchillos atraviesan tu carne tanto como la mía, deja de ocultarte y vive, atrévete a ser tu inicial.

sábado, 12 de marzo de 2011

Londinense

He aprendido a echar de menos aquello que no conozco; tengo anhelos secretos y deseos que permanecerán ocultos en cualquier lugar perdido dentro de mi consciente. Una mente que oculta mis sueños con la noche, borra sus secuelas con el primer parpadeo tras el alba. Su olor, tu tacto y su sabor son tan solo exotismos fingidos en mi mente, misticismos asociados al poder de su figura. Desear aquello que no conoces, extrañar una respiración ajena, buscar un aroma, una piel... Desaparecidas sensaciones al caer la noche.

          Puede que no sueñe contigo, pero soy capaz de escuchar tu voz en el silencio.