sábado, 26 de noviembre de 2011

y desaparecer

Siempre he pensado que siento las cosas con demasiada intensidad, en exceso. Cualquier estímulo provoca en mí una reacción desproporcionada; se eriza mi vello y noto como palpita la sangre en mis sienes. Me tiemblan  las rodillas y no responden las manos. Me cuesta dominarme, hace tiempo que desapareció mi autocontrol y se ve anulada mi voluntad ante cualquier sensación. Despierta el monstruo que se esconde bajo la piel y toma el mando de mi conciencia. No sé resistirme a mi misma, atar los instintos mediante la razón nunca me pareció difícil mientras permanecí dentro de mi coraza. Vivo anclada al subconsciente, dependiente de sus deseos y cargando con sus consecuencias. Extraño la razón que me volvía lógica y fría. Las emociones derribaron mis murallas y resultaron ser mi perdición. Calculadora, insensible, irónica y asocial. Todo es más fácil cuando nadie espera nada de ti, cuando no han depositado sus esperanzas en tu conducta, cuando no confían en ti.


De repente no eres la protagonista de tu propia historia y comienzas a vivir en función de otros, de sus emociones. Te disculpas, bajas la cabeza y finges ser quien no eres para arrancarles una sonrisa y pagar su lealtad. Dejas de lado la independencia y te atas a otras personas, te ligas a ellas y te encuentras con tus sueños ocupados por sus figuras, sus problemas. Descubres la empatía y odias esa sensación, esa dependencia a su felicidad, a su bien estar. Consiguen afectarte sus daños y un instinto en ti lucha por intentar remediarlos.
Echo de menos los días en los que podía desaparecer sin decepcionar a nadie, sin sentirme culpable; echo de menos la soledad.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo era así a tu edad.
Un beso.

Rachel.

Macamen dijo...

¿Para cuando la novela, entonces?

Genial, L.!

Me quedo con la última frase y con "Todo es más fácil cuando nadie espera nada de ti."

Miguel Buján dijo...

Los neurólogos hace tiempo que nos demostraron que el cerebro no deja de conformarse, y que según el modo en que nos complementamos con los demás, sufre también cambios físicos y no solo psicológicos. Acostumbro a recordarle a los no gallegos que los gallegos nostalgiamos, basicamente, no a las personas si no más bien a los lugares, el clima, el hogar; inclusive quizás la sombra y el aorma que conceden ciertos árboles. Solemos ser seres animicamente arbóreos; una especie de Cósimos, aunque nunca por capricho sino por endemismo.
He decidido leer tus publicaciones no de atrás hacia adelante, si no sin rumbo. Ya te contaré qué entiendo, qué no entiendo, cómo de ese modo saco en claro o turbio un buen montón de ideas.


Creo que cuando nadie espera nada de ti acabas por esperar de ti mucho más de lo que en realidad necesitarías. O no.


En fin, un saludo, sin más.