martes, 25 de enero de 2011

Instintivo.

El otro día, una conversación con Batmujer me hizo pensar en los instintos que nos dominan; esas sensaciones que nos recorren la espina dorsal y consiguen hacernos temblar. Los instintos suelen llamar a mi puerta y aunque reprimidos, dejan sus susurros gélidos de tentación tras mi oído. No hay nada tan placentero como dejarse llevar por el instinto, convertirnos en animales para despertar transmutados en un ser superior.
Instinto de supervivencia, instinto caníbal y psicópata…instinto sexual y social. Puedes dejarte guiar por el instinto y ser un paria, seguir tus instintos no está bien visto, no está moralmente aceptado ni es políticamente correcto.
Dejarse arrastrar por el instinto provoca un cosquilleo, una patada que desangra tu estómago, aceite hirviendo se desliza por tu espalda y te convierte en cenizas. Respiración acelerada, presagio de lo que está por venir. Instinto que te ciega y dirige tus sensaciones hacia un haz de perdición y caída. El monstruo se adueña de tu conciencia y guía tus actos, murmura palabras de hiel y odio, te acaricia la nuca mientras se apropia de ti.
Haz callar al monstruo, no es el momento de la matanza. Deja que el frío recorra tu cuerpo y temple tu ira. No escuches sus palabras de cianuro, ignora la sombra que vigila tu espalda. Apaga la sed de venganza, no queda mucho tiempo para darle un ultimátum a la voluntad.

                              -Otro día-susurras al monstruo y él se esconde tras tu oreja, sujeto a tu nuca, esperando el día en que le dejes gritar victoria por la rendición de tu conciencia ante la evidencia de lo que nos es innato. 

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