miércoles, 1 de febrero de 2012

Perfume de idiotas.

Me enerva la gente estúpida, me llena de ira que se dirijan a mí y esperen una respuesta. Me molesta su presencia, son innecesarios y me encantaría ser yo quien se librase de ellos. Por supuesto habrá gente que opine esto de mí, pero como la que escribe soy yo, os diré que esas personas pueden acercarse para que les escupa en la cara. No soporto la indiferencia y deseo vuestra destrucción.

Me creo superior a todos ellos en muchos aspectos, y en base a tal creencia los desprecio y humillo cuando puedo, no quiero ni pienso evitarlo. Odiadme, escupidme, despreciadme, decid que soy la más repulsiva de las personas, que mi nombre apesta a sangre y descomposición. ¿Qué más me da? Por ahora lo único que deseo es destruiros, haceros trizas y conseguir que vuestra absurda existencia termine y me permita caminar sin tener que aspirar de vuestro aroma infecto.

Dejadme en paz.

3 comentarios:

Diario de Arquímedes dijo...

Guarda tus fuerzas para otra cosa.
Indiferencia.

Anónimo dijo...

No se puede ser indiferente porque es inevitable cuando sientes asco por la gente mediocre. A mí también me pasa y lo entiendo. Lo único que puede hacer es desaparecer.

Rachel

C. dijo...

Incluso en esa gente hay algo que merece la pena. Del mismo modo que incluso en ti lo hay.